La Selección de España derrotó a su homónima de Francia por marcador de 2-0 en un encuentro que dominó de principio a fin pese a Mbappé y con el cual consiguió el primer boleto a la gran final del Mundial de Futbol 2026.
La Roja derrotó a Les Bleus con todo y su gran figura Mbappé en una semifinal del Mundial cargada de tensión, talento y drama, demostrando una vez más que el colectivo siempre puede más que una constelación de estrellas individuales.
Desde el pitido inicial, Francia salió con todo su arsenal. Kylian Mbappé, rodeado de un plantel repleto de jugadores de origen africano —velocidad, potencia y desborde por los cuatro costados—, buscó imponer su ley.
Aunque Dembélé, Olise, Kolo Muani y el propio Mbappé amenazaron una buena parte del encuentro con desbordar a la defensa española en cada contraataque. La superioridad física y el talento personal no pudieron decidir el partido.
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Porque España jugó como solo ella sabe: con identidad, con pausa y con una ambición colectiva que asfixia al rival. Rodri fue el cerebro inamovible, distribuyendo con criterio y recuperando cada balón suelto.
Lamine Yamal, el chaval de 19 años que ya parece un veterano, volvió a hacer magia. El momento clave llegó en el minuto 22 cuando el francés Digne leyó mal una jugada de Yamal y le propinó una evidente patada provocando el penal que Mikel Oyarzabal convirtió en el primer tanto español.
Aunque Francia intentó igualar a base de velocidad, el final del primer tiempo terminó con ventaja para La Roja. Y todavía le quedaban a los chicos de De La Fuente 45 minutos para hacer historia y derrotar al conjunto galo.

La Roja derrotó a Les Bleus con todo y su gran figura Mbappé en una semifinal del Mundial cargada de tensión, talento y drama, demostrando una vez más que el colectivo siempre puede más que una constelación de estrellas individuales Foto: FIFA
Fue en el minuto 58 de partido cuando llegó el segundo gol español que sepultó los sueños de los dirigidos por Didier Deschamps, en los botines de Pedro Porro, un verdadero golazo de bandera.
De allí en mas, España no soltó el balón y se dedicó a desesperar al rival con posesiones largas que redujeron a las gacelas francesas a nada. Cerró líneas, jugó con inteligencia y no permitió que el vendaval galo, liderado por un Mbappé que corría como nunca pero chocaba contra un muro bien organizado, generara peligro claro.
Ni toda la potencia atlética de Francia, ni la calidad técnica de su plantilla «multiétnica», fueron suficientes para doblegar el carácter de esta España. Con este triunfo, La Roja se planta en la final del Mundial y suma una nueva victoria ante su gran rival de los últimos años.
Con Información de la FIFA