Matthew McConaughey ha decidido tomar las riendas de su identidad digital al registrar legalmente su voz y su imagen ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO), por lo que ha creado un antes y un después sobre como la Inteligencia Artificial es usada.
Y es que a través de su fundación Just Keep Livin, el actor ganador del Oscar se ha distanció de otros colegas, optando por una estrategia preventiva que busca establecer un control absoluto sobre sus rasgos biométricos antes de que puedan ser explotados sin permiso.
A diferencia de casos como el de Scarlett Johansson, quien debió recurrir a los tribunales tras ser víctima de una imitación no autorizada, McConaughey se ha adelantado al conflicto por lo que ahora de manera legal y diseñada para evitar que las plataformas de inteligencia artificial generativa utilicen su material visual o auditivo sin un consentimiento previo y explícito, patentó su imagen.
Este movimiento marca un hito en la industria del entretenimiento, ya que el actor no rechaza la innovación, sino que busca formalizar su propiedad. De hecho, al ser inversionista en la startup de clonación de voz ElevenLabs, McConaughey demuestra que su intención es participar activamente en la nueva economía digital, asegurándose de que cualquier contenido generado por IA que lleve su sello sea bajo sus propios términos y beneficios.
La visión de su equipo legal, liderado por Kevin Yorn, subraya la necesidad de que los artistas reciban la misma protección jurídica que las grandes corporaciones. Al patentar sus características físicas y vocales, están creando un precedente donde el valor generado por la IA debe ser compartido con el dueño original de la identidad, garantizando que el actor sea un socio de la tecnología y no una víctima de ella.
McConaughey redefine la defensa de los derechos de imagen en la era moderna, pasando de la queja a la acción proactiva. Al blindar su «yo digital» de manera anticipada, el actor no solo protege su carrera actual, sino que asegura su legado y su patrimonio frente a un futuro donde la línea entre lo real y lo sintético es cada vez más delgada.
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