Un grupo de rescatistas logró liberar el jueves a un guardia de seguridad del sótano derrumbado de un centro comercial, poniendo fin a una extenuante operación de rescate que se convirtió en un símbolo de esperanza en medio de la devastación causada por los terremotos que azotaron a Venezuela la semana pasada.
Hernán Alberto Gil Flores, de 43 años, fue rescatado sano y salvo tras permanecer atrapado durante más de una semana bajo los escombros del estacionamiento del centro comercial Galerías Playa Grande en la ciudad de Catia La Mar, en el estado costero de La Guaira.
Equipos con banderas de todo el mundo vitorearon mientras los rescatistas trasladaban a Gil Flores, con una máscara de oxígeno, en una camilla cubierta con una lona naranja hasta una ambulancia de la Cruz Roja.
Un grupo de hombres con uniformes rojos de la Cruz Roja de Costa Rica se abrazaron y rieron aliviados, mientras otros estallaron en aplausos.
El rescate fue considerado un pequeño milagro en medio de la tragedia. Gracias a que los equipos le proporcionaron comida y agua mientras excavaban el hormigón, lograron mantener a Gil Flores con vida mucho más allá del plazo de 48 a 72 horas que suelen dar la mayoría de las operaciones de rescate para encontrar a sobrevivientes de desastres.

Los equipos de rescate atienden a Hernán Gil Flores tras ser sacado de entre los escombros ocho días después de quedar atrapado por los dos terremotos que azotaron Catia La Mar, Venezuela, el jueves 2 de julio de 2026.
En su cuenta de X, la presidenta encargada Delcy Rodríguez publicó: “Celebramos la grandeza del ser humano cuando se une por un solo fin: salvar a otro”.
Gil Flores, quien trabajaba como guardia nocturno en el complejo, se encontraba de servicio dentro de su pequeña caseta de seguridad cuando se produjo el primer temblor el 24 de junio. Aunque la estructura de concreto circundante se derrumbó a su alrededor, su caseta se mantuvo en pie, creando una burbuja de aire.
“Cuando lo encontramos nos pidió que no le dijéramos a su esposa que estaba vivo por si acaso no lo lograba”, declaró a The Associated Press Minyar Collado, rescatista de la Cruz Roja de Costa Rica.

Los rescatistas transportan a Hernán Gil Flores Gil después de que fue sacado de entre los escombros ocho días después de quedar atrapado por los dos terremotos que azotaron Catia La Mar, Venezuela, el jueves 2 de julio de 2026.
El derrumbe del edificio fue provocado por los dos terremotos consecutivos de magnitudes de 7.2 y 7.5. Los violentos temblores dañaron o destruyeron cientos de edificios en el norte de Venezuela y causaron la muerte de al menos 2,295 personas y heridas a más de 11,200. El estado de La Guaira fue la región más afectada del país.
“Fueron días de tristeza, dolor y desesperación porque no lo encontraba, pero cuando me enteré que estaba vivo ya ví un rayito de luz en la oscuridad”, dijo a AP su esposa Gusbimar González. La pareja tiene dos hijos de 8 y 10 años.
La compleja y arriesgada operación de rescate duró más de 100 horas después de que un equipo especializado de la Cruz Roja de Costa Rica detectara señales de vida y estableciera contacto con él el domingo.
El operativo fue coordinado por el equipo de búsqueda y rescate urbano de bomberos de Chile, que trabajó sin descanso con equipos especializados de Costa Rica, Estados Unidos, Portugal, México, El Salvador y Venezuela.
Junto a un contingente de personal de emergencia integrado por decenas, incluida una unidad humanitaria especializada de El Salvador, los rescatistas sortearon condiciones estructurales muy inestables, lluvias torrenciales y réplicas persistentes para excavar un túnel hasta Gil Flores.

Los equipos utilizaron una cámara telescópica para mantener contacto constante con él y le hicieron llegar agua y nutrientes líquidos a través de un estrecho conducto para mantenerlo hidratado.
María Paz Campos, bombera veterana de Chile, fue quien lo acompañó durante toda la operación de rescate. Ella vigiló a Gil Flores a través de la cámara y lo guió a un lugar seguro mientras lo tranquilizaba.
En un video publicado por los bomberos chilenos se vio a Gil Flores dibujando, aparentemente para pasar el tiempo, mientras Campos le indicaba con delicadeza que mirara a la cámara y se pusiera unas gafas protectoras.
“Los lentes necesito que los mantengas puestos por las pequeñas partículas que están cayendo, no te caiga ninguna en el ojo que ya tienes dañado”, le dijo Campos mientras él miraba a la cámara con un visible derrame en uno de sus ojos.