Durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, defendió las acciones militares de su país en Irán, Gaza y otros lugares de Oriente Medio, por lo que fue abucheado y repudiado por el genocidio en la ciudad de Gaza, Palestina ocupada.
Al subir al estrado, decenas de delegados abandonaron la sala en señal de protesta. “Si hay algún otro cobarde moral que no haya abandonado el salón, por favor, hágalo ahora”, replicó Netanyahu, quien también rechazó las acusaciones de genocidio.
Netanyahu, comenzó el año declarando que estaba “hombro con hombro” con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mientras ambos países iniciaban una guerra contra Irán. Pero esta semana, mientras muchos líderes mundiales se reúnen en Nueva York para la Asamblea General de las ONU, no había planes para que ambos hombres estuvieran en la misma sala, ni siquiera en la misma ciudad.
A medida que la guerra con Irán se prolonga, Trump y Netanyahu están en desacuerdo sobre cómo llevarla adelante, lo que ha tensado la relación entre los dos aliados. Netanyahu también ha enfrentado críticas globales por la guerra de Israel en Gaza y por la violencia de colonos en Cisjordania. En lugar de una agenda repleta, Netanyahu, que llegó a Nueva York el jueves, tenía previsto reunirse solo con un puñado de líderes antes de pronunciar su discurso.
El aparente desaire subrayó hasta qué punto se ha fracturado la relación entre Trump y el primer ministro. En Washington, muchas personas asocian a Netanyahu con la cada vez más impopular guerra con Irán, y Trump se ha esforzado por evitar la apariencia de que el líder israelí lo empujó a un conflicto que, según el mandatario estadounidense, sería una “pequeña excursión” que duraría unas pocas semanas.

Volviendo a la protesta, esta ocurrió durante el 81 periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, en un contexto de fuertes críticas internacionales hacia las acciones de Israel en Gaza. El episodio también generó imágenes ampliamente difundidas en redes sociales, aunque algunas publicaciones han reutilizado videos de la salida de delegaciones ocurrida durante el discurso de Netanyahu en 2025, por lo que es necesario distinguir ambos momentos.
“No a la guerra, no al ICE (Servicio de Control de Migración y Aduanas, por sus siglas en inglés), Palestina libre”, coreaban cientos de manifestantes después de ocupar algunas de las calles cerca de la sede de la ONU en protesta contra la presencia del prófugo de la Corte Penal Internacional.
Más de 100 fueron arrestados por bloquear accesos en un acto de desobediencia civil, entre ellos las actrices Susan Sarandon y Hannah Einbinder (quien ha declarado que lo que representa Netanyahu es contrario a su fe judía) y la ex militar disidente Chelsea Manning, junto con algunos políticos locales. Pocas horas después, llegó otra marcha, tal vez de 2 mil más, encabezada por Voces Judías por la Paz y el Movimiento de Jóvenes Palestinos, entre otras organizaciones sociales, para sumarse a la protesta.
Horas antes, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, expresó su gratitud a los 160 estados miembros que han reconocido a su Estado y declaró que “no abandonaremos a nuestra tierra. No aceptaremos el desplazamiento. No permitiremos que nadie decida nuestro futuro en nuestro nombre”, ante una ovación de pie.
Abbas, quien fue obligado a ofrecer su discurso por video porque el gobierno de Donald Trump –violando el acuerdo con la ONU– le negó la visa para asistir, recordó a los delegados que había alabado el plan de 20 puntos propuesto por el mandatario estadunidense y que fue aprobado por el Consejo de Seguridad. Denunció que “los asesinatos y agresiones israelíes siguen cobrando vidas de mujeres, niños y hombres en Gaza”.
Las acciones de Israel, sostuvo, son una “amenaza directamente a la vida y a la existencia del pueblo palestino en sus tierras”.

Tanto el cada vez más amplio movimiento contra la complicidad de Estados Unidos con Israel en el genocidio en Gaza, como la solidaridad con el pueblo palestino, se evidenciaron con las marchas en las calles que incluían la participación de estudiantes, maestros, veteranos de guerra, religiosos –había expresiones de cristianos, judíos (tanto seculares como una secta ortodoxa antisionista) y musulmanes– y activistas políticos de diversas corrientes con un mensaje de condena a “un criminal de guerra en nuestra ciudad”.
