La empresa armamentística Raytheon, filial del grupo estadounidense de aeronáutica y defensa RTX, informó, el 4 de febrero, que firmó un convenio de 5 contratos con el Departamento de Guerra de Estados Unidos (EU) para incrementar la producción de misiles.
La compañía de artillería argumentó, mediante un comunicado, que el objetivo de los acuerdos con el Gobierno estadounidense es “aumentar significativamente las capacidades de producción y ritmos de entrega” de varias municiones, ya que su demanda “sigue creciendo” a nivel global.
El trato incluye variantes del misil crucero, Tomahawk, calificado como la “primera opción utilizada por las fuerzas estadounidenses para atacar fuerzas hostiles en cualquier lugar del mundo”, así como el proyectil aire-aire, AMRAAM, de medio alcance con guía por radar y los interceptores SM-3 IB, SM-3 II y SM-6.
Raytheon afirmó que la vigencia de los contratos es por 7 años, sin especificar su monto, y precisó que el objetivo a largo plazo es duplicar e incluso cuadriplicar las municiones.
Además, señaló que prevén que la producción de los Tomahawk supere el millar cada año, mientras que los SM-6 deberán alcanzar las 600 unidades y los AMRAAM los 900 ejemplares.
En referencia a estos últimos misiles, la empresa aseguró que son los más desplegados en el mundo, además de destacar que, en 2025, prácticamente se duplicó su producción respecto a 2024.
Asimismo, detalló que debido al repunte de las tensiones políticas en el mundo en los últimos años, cerró un contrato por proyectiles AMRAAM por un monto de 2 mil 100 millones de dólares, lo que representa la mayor cifra registrada en una venta en los treinta años de existencia del programa.
Por otra parte, Lockheed Martin, su competidora, anunció un trato con el Departamento de Defensa estadounidense el pasado 29 de enero para cuadruplicar la producción del THAAD, un sistema antimisiles de gran altitud considerado como uno de los más perfeccionados del mundo.

Propone Trump nuevo tratado nuclear con Rusia
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, propuso este 5 de febrero trabajar en un nuevo tratado de armas estratégicas con la Federación Rusa, tras la expiración del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como START III, que venció este jueves.
Trump publicó en la red Truth Social que, en lugar de extender el Nuevo START —al que calificó como un acuerdo mal negociado y presuntamente violado—, “debería hacerse que expertos nucleares estadounidenses trabajen en un tratado nuevo, mejorado y modernizado que pueda perdurar en el futuro”.
Por su parte, la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, indicó en conferencia de prensa que el mandatario republicano “quiere que nuestros expertos nucleares trabajen en un tratado nuevo, mejorado y modernizado que pueda perdurar en el futuro”, y añadió que “eso es lo que Estados Unidos seguirá discutiendo con los rusos”.
El START III fue firmado el 8 de abril de 2010 por Dmitri Medvédev y Barack Obama, y fue prorrogado sin condiciones previas por cinco años en febrero de 2021.
Este acuerdo establece límites centrales en el desarrollo de armas hasta 700 misiles balísticos, 1,550 ojivas nucleares y 800 lanzadores de misiles balísticos intercontinentales.
De acuerdo con información oficial, el tratado contiene procedimientos detallados que rigen “la conversión y eliminación de las armas estratégicas ofensivas, el establecimiento y funcionamiento de una base de datos con la información requerida por el tratado, las medidas de transparencia, el compromiso de no interferir con los medios técnicos nacionales de verificación, el intercambio de información telemétrica, la realización de inspecciones in situ y el funcionamiento de la Comisión Consultiva Bilateral (CCB)”.

Se trata del único documento vigente entre ambas potencias en materia de control de armas y su no renovación significaría el inicio de una nueva etapa armamentística que dejaría “un mundo más peligroso”, de acuerdo con altos funcionarios rusos.
Moscú ha reiterado desde septiembre de 2025 su disposición a renovar el tratado START III para evitar una nueva carrera armamentista y mantener la previsibilidad estratégica. Aunque Donald Trump calificó inicialmente la propuesta como positiva, después dejó abierta la posibilidad de que el acuerdo expire y planteó negociar un nuevo tratado con más actores, lo que ha complicado su renovación.
Rusia afirma no haber recibido una respuesta oficial de Washington y señala que la nueva administración busca redefinir la política de seguridad heredada. Analistas apuntan a desacuerdos clave: Estados Unidos quiere incluir a China, que se niega a participar, mientras Rusia propone sumar a Francia y Reino Unido, algo que Washington podría rechazar. En este contexto, actores internacionales han llamado a preservar el tratado en favor de la estabilidad global.
El Papa León XIV pidió no abandonar el tratado, al considerarlo un instrumento clave para contener la proliferación nuclear y evitar una nueva carrera armamentista, y llamó a garantizar un seguimiento eficaz en favor del desarme y la confianza mutua.
China expresó su respaldo a la propuesta rusa de prolongar el acuerdo y sostuvo que no es justo ni razonable exigir su incorporación a las negociaciones, al señalar que su capacidad nuclear no es comparable con la de Estados Unidos. Hasta ahora, Washington no ha fijado una postura pública, lo que deja a Rusia y Estados Unidos sin un marco de control de armas por primera vez en más de medio siglo.