Trump y Petro intentan reparar relación bilateral
Luego de meses de disputas entre ambos líderes, dialogan en la Casa Blanca el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo colombiano, Gustavo Petro, intentado reparar su desgastada relación bilateral.
El esperado saludo entre ambos dirigentes tuvo lugar este martes en el Salón Este de la Casa Blanca, en vísperas de una reunión privada.
Más tarde, los mandatarios se dirigieron al Despacho Oval, donde celebraron una reunión ampliada con la participación de las delegaciones. Por la parte colombiana, entre otros, participó la canciller, Rosa Yolanda Villavicencio, mientras que del lado estadounidense estuvieron presentes el vicepresidente, J.D. Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio.
El encuentro bilateral fue planteado tanto por Washington como por Bogotá en términos de una oportunidad para limar asperezas y recomponer los nexos bilaterales, deteriorados tras meses de señalamientos cruzados entre ambos líderes, la descertificación del país suramericano en la lucha contra el narcotráfico, el retiro de la visa estadounidense y la imposición de sanciones al mandatario colombiano, y fuertes críticas de este último a los bombardeos estadounidenses contra pequeñas embarcaciones en el mar Caribe y el océano Pacífico, tachadas sin evidencia de “narcolanchas”.
En el punto más álgido, Trump tildó sin pruebas a su homólogo de ser un cabecilla del trasiego internacional de drogas, mientras que Petro acusó a Estados Unidos de recurrir a una falsificación comparable con las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, para atacar militarmente a Venezuela, deponer a su Gobierno y apoderarse así de su petróleo.
Asimismo, el mandatario colombiano instó a la región a “emanciparse” de la órbita estadounidense tras los bombardeos estadounidenses sobre la Gran Caracas del pasado 3 de enero. A ello siguieron amenazas de Trump de emprender una operación similar en Colombia.
Sin embargo, las aguas bajaron cuatro días más tarde, cuando se produjo el primer intercambio telefónico entre ambos y se anunció la visita oficial de Petro a Washington.
La reunión se ha desarrollado a puerta estrictamente cerrada y sin el recibimiento habitual para los jefes de Estado en visitas oficiales. En esos casos, una guardia de escolta recibe a los mandatarios visitantes, con las banderas de los dos países. Esta vez, con la reunión catalogada como una mera visita, la bienvenida, cordial, fue mucho más matizada.
“El presidente estaba de un humor muy positivo inmediatamente antes de la reunión y tenía muchas ganas de tener una conversación con el presidente Petro”, aseguraba la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en declaraciones a la prensa a la conclusión del encuentro.
Al no tratarse de una visita oficial, el colombiano no entró con su comitiva por el Pórtico Norte, la entrada reservada a dirigentes extranjeros. Tampoco fue recibido con la guardia de honor que escolta a los líderes en visitas oficiales o de Estado. Petro entró por la puerta oeste, que conecta el Ala Oeste de la residencia presidencial con el edificio Eisenhower, donde se encuentra la mayor parte de las oficinas del poder Ejecutivo. En general, ese acceso se utiliza para visitas diplomáticas, no para las de mandatarios, aunque hay excepciones. El año pasado, el presidente sirio, Ahmed al Sharaa, también accedió por esa entrada.
La reunión supone un punto de inflexión en un contexto de meses de escalada de tensión entre ambos. Varios analistas han subrayado estos días que, dada la historia de desencuentros y confrontaciones, el encuentro puede abrir una oportunidad para reconfigurar la relación bilateral si se maneja con prudencia, claridad en las prioridades y voluntad de diálogo.
A diferencia de otras épocas, en las que se insultaban en redes sociales, ahora ambos se han mostrado predispuestos a entenderse. En vísperas de la reunión, el presidente estadounidense había subrayado que tras la intervención estadounidense en Venezuela el pasado día 3 de enero, el trato de Petro es “muy amable”, y esperaba que la reunión iba a ser “muy buena”.
“Petro ha sido quizás el crítico más fiero en América Latina hacia las políticas de Trump sobre inmigración, cambio climático, Gaza, las drogas y Venezuela. El hecho de que Trump haya aceptado recibirle en la Casa Blanca como un intento para relanzar las relaciones bilaterales es una oportunidad monumental, y los dos líderes serían negligentes si acabaran desaprovechándola”, opina Lee Schlenker, analista sobre el Sur Global del think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft.
El encuentro para reparar la relación entre los dos dirigentes iba a abordar, sobre todo, la lucha contra el tráfico de drogas —que la Administración de Trump considera una de sus grandes prioridades de seguridad nacional, junto con las medidas contra la inmigración irregular—. El jefe de Estado colombiano, cuyo país celebrará elecciones presidenciales en mayo, apuesta por la confiscación, la reducción de la demanda y proyectos económicos alternativos para los pequeños cocaleros. Estados Unidos insiste en la erradicación de los cultivos y el control de la oferta.
Colombia ya ha cedido en este ámbito en el marco de las negociaciones con Trump y ha aceptado reanudar bombardeos, extradiciones y fumigación con glifosato, acciones muy sensibles en este Gobierno de izquierda. Vista la disposición, lo previsible es que el acuerdo en este ámbito sea el más viable.
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