Alerta la Profepa sobre tráfico de primates con campaña: Los monos no son mascotas
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), lanzó este 25 de agosto la campaña “Los monos no son mascotas”, con la que busca reducir la demanda de primates mexicanos y advertir sobre las consecuencias del tráfico ilegal de estas especies.
En México existen tres especies de primates: el mono araña (Ateles geoffroyi), el mono aullador negro (Alouatta pigra) y el mono aullador de manto (Alouatta palliata). Las tres están consideradas en peligro de extinción de acuerdo con la NOM-059-Semarnat-2010.
Su distribución se concentra principalmente en Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Oaxaca, donde habitan en selvas altas y medianas; además de formar parte de la biodiversidad de estas regiones, los primates cumplen una función importante en el funcionamiento de los bosques tropicales, principalmente por su participación en la dispersión de semillas.
El tráfico ilegal afecta tanto a los animales capturados como a las poblaciones silvestres, de acuerdo con la Profepa, la cadena comienza con la extracción de las crías de su hábitat. En algunos casos, las madres son asesinadas con armas de fuego mientras mantienen a sus crías sujetas al cuerpo.
Durante estas capturas, algunos ejemplares jóvenes mueren al caer de los árboles, ser aplastados por sus madres o como consecuencia de las condiciones en que son trasladados. Las crías que sobreviven suelen ser concentradas en lugares de acopio y posteriormente transportadas en cajas de plástico o maletas con orificios.
El traslado y el acopio pueden implicar condiciones de hacinamiento, hambre, deshidratación y estrés. Algunos animales mueren antes de llegar a su destino, mientras que otros presentan lesiones y problemas de salud derivados del manejo.
La separación de sus madres y de sus grupos desde edades tempranas también tiene consecuencias en su desarrollo. La dependencia señala que los primates rescatados pueden presentar heridas, fracturas, infecciones, desnutrición y otros daños físicos, además de alteraciones derivadas del aislamiento y la pérdida de sus comportamientos naturales.
Cuando son mantenidos como mascotas, pueden desarrollar conductas relacionadas con el estrés y el trauma, como morderse, gritar o arrancarse el pelo; la Profepa advierte que la mayoría de estos animales no consigue adaptarse adecuadamente a una vida doméstica.
El impacto del tráfico tampoco se limita a los ejemplares capturados y la extracción de individuos afecta la capacidad reproductiva de los grupos y altera el equilibrio de los ecosistemas en los que viven.
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