Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), localizaron los vestigios de la primera aldea pima asociada a la Misión de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera, fundada por el jesuita Eusebio Francisco Kino en 1687, en el valle de Cocóspera, entre los municipios de Ímuris y Cananea.
El asentamiento fue encontrado a unos 100 metros del templo misional, uno de los pocos edificios de origen jesuita que aún se conservan en la antigua Pimería Alta; los restos permanecieron ocultos durante más de tres siglos bajo un mezquital y fuera de la poligonal de protección del sitio arqueológico, debido a modificaciones realizadas en la zona durante la segunda mitad del siglo XX.
El descubrimiento responde a una de las principales interrogantes que por décadas mantuvieron arquitectos, historiadores y arqueólogos: la ubicación del asentamiento donde vivieron los pimas himeris encabezados por el jefe Cola de Pato durante los primeros años del periodo misional.
El hallazgo fue realizado por el arqueólogo Tomás Pérez Reyes, con la participación de especialistas de distintas regiones del país. Los trabajos forman parte del proyecto de salvamento arqueológico del tramo ferroviario Ímuris-Nogales, a cargo de un equipo de seis investigadores del Centro INAH Sonora, entre ellos el arqueólogo Júpiter Martínez Ramírez.

En una superficie de aproximadamente 800 metros cuadrados se identificaron áreas habitacionales y espacios destinados a reuniones comunitarias. Las viviendas muestran una combinación de tradiciones constructivas indígenas e hispanas: casas de adobe moldeado con distribución interior propia de la cultura pima, como fogones ubicados en el centro de las habitaciones, además de evidencias de estructuras temporales elaboradas con técnicas constructivas nativas.
En el exterior de las viviendas fueron localizados 20 hornos con restos de fauna, entre ellos vacas, cerdos, ovejas, venados, perros, gallinas, guajolotes, burros y caballos. Los análisis indican que para el procesamiento de estos animales se utilizaron tanto cuchillos metálicos como herramientas de piedra tallada. También se recuperaron restos de amaranto, maíz, cactus y quelites.
De acuerdo con los investigadores, el consumo de distintas especies, incluidos caballos, refleja la permanencia de prácticas alimentarias propias de los pimas, ya que ese tipo de carne no era habitual entre los colonizadores españoles.
