La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo afirmó que “si lo pide Cuba”, México -por su ubicación geográfica- podría abrir un puente aéreo para que otras naciones puedan hacer llegar ayuda humanitaria a la isla.
“Habría esas condiciones, por supuesto. No están cerrados los vuelos” e incluso, si aeronaves necesitan turbosina, “pueden venir a cargar a México; tienen que pagar, por supuesto”.
Precisó que los vuelos de aerolíneas mexicanas a Cuba “no están cerrados, porque está muy cerca y aquí hay turbosina”.
ONU exige fin del embargo
Marta Hurtado, portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió este viernes a Donald Trump que levante su embargo petrolero contra Cuba, mientras la crisis humanitaria en la isla se profundiza. Dijo que “estamos extremadamente preocupados por la profundización de la crisis socioeconómica de Cuba, en medio de un embargo financiero y comercial que dura décadas, fenómenos climáticos extremos y las recientes medidas estadounidenses que restringen los envíos de petróleo”.
Ayer llegaron a La Habana dos barcos de carga de la Marina Armada de México con ayuda humanitaria. Es una gran señal de solidaridad, pero ayuda poco. Los mexicanos se organizan con grupos cubanos para una gran colecta en el Zócalo, pero sigue siendo poco. La presión de los llamados “halcones” en Washington han hecho que Donald Trump endurezca contra la isla.
Cuando Fidel Castro derrocó la dictadura derechista de Fulgencio Batista en 1959, muchos cubanos conservadores huyeron a Florida. Organizaron una facción política histéricamente anticomunista. Y Marco Rubio, como la mayoría de los republicanos del sur de Florida, proviene de esta diáspora. Como Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart, impulsores de la política radical del “sin petróleo, sin viajes, sin oxígeno” a Cuba. O como la representante María Elvira Salazar, quien plantea que “el hambre de una madre” o “un niño que necesita ayuda inmediata” son sacrificios necesarios para una política de aislamiento que finalmente derroque al gobierno cubano.
Nathan Thompson, asesor principal de políticas en Just Foreign Policy, grupo de defensa con sede en Washington, dice que “tras el impactante e ilegal ataque del Presidente Trump a Caracas y la captura del Presidente venezolano Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero, los halcones latinoamericanos no tardaron en centrar su atención en Cuba”.
El secretario de Estado Rubio de Estados Unidos (EU), conocido por su ascendencia cubana y principal halcón en la lucha contra Cuba, agrega, se presentó en la improvisada tarima de Mar-a-Lago de la Casa Blanca y declaró: “Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado”.
“El propio Trump compartió con aprobación una publicación en Truth Social proponiendo a Rubio como el próximo Presidente de Cuba, hizo varias proclamaciones de que el gobierno socialista de Cuba está a punto de colapsar y, lo más importante, anunció una emergencia nacional por la ‘amenaza inusual y extraordinaria… a la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos’ que representa la isla de nueve millones de habitantes, amenazando con aranceles a cualquier país que proporcione petróleo a Cuba, una medida dirigida directamente a México, que se ha convertido en el mayor proveedor de Cuba”, escribe Nathan Thompson en The American Prospect.
Y María Corina Machado, “la favorita de la oposición de derecha y Premio Nobel de la Paz, se ha visto obligada a revolotear por Washington para defender su derecho a gobernar Venezuela, mientras Trump cuestiona abiertamente su capacidad para hacerlo. Su convocatoria a elecciones en Venezuela este año ilustra aún más la brecha. Los halcones latinoamericanos pueden haber convencido a Trump para que derrocara a Maduro, pero esa victoria parece cada vez más una pata de mono que maldijo sus aspiraciones de una Venezuela sin chavistas. ¿Podría su escalada en Cuba correr la misma suerte?”, dice.