Luego de 53 años de que el hombre pisó por última vez la Luna en 1972 este miércoles primero de abril la misión Artemis II hizo historia al regresar finalmente al satélite natural de nuestro planeta Tierra tras un exitoso despegue.
El cielo del atardecer sobre Cabo Cañaveral se tiñó de un naranja intenso cuando, a las 6:35 de la tarde (hora local), el cohete más poderoso jamás construido por la NASA rugió con una fuerza que hizo temblar la tierra.
El SLS, de 98 metros de alto, coronado por la cápsula Orion, se elevó lentamente, envuelto en una nube de fuego y vapor, dejando atrás un rastro de luz que parecía dibujar un camino de regreso a los sueños que la humanidad había dejado aparcados hace más de medio siglo.
No fue solo un lanzamiento, fue el grito de una generación que, después de 53 años sin pisar la Luna con seres humanos, volvía a mirar al cielo con los ojos húmedos. Cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen— viajaban dentro de esa cápsula.
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Cuatro vidas que representaban mucho más que cuatro asientos: el comandante Wiseman, un veterano de la Estación Espacial; Glover, el primer hombre de color en una misión lunar; Koch, la mujer que ya ostenta el récord de permanencia en el espacio; y Hansen, el primer no estadounidense en emprender un viaje hacia la Luna.
Sin embargo, esta misión no devolverá por el momento pies humanos a la Luna repitiendo la hazaña de los tripulantes del Apolo 11 en 1972, pues la cápsula Orión no aterrizará en la superficie lunar esta vez.

Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen hicieron historia al protagonizar el ansiado regreso a la Luna Foto: Captura de Pantalla NASA
Su misión es más audaz y simbólica: dar la vuelta a nuestro satélite natural en una trayectoria libre de retorno, probar cada sistema de la nave Orion en el vacío profundo y confirmar que estamos listos para quedarnos.
Desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy —la misma que vio partir a todas las misiones Apolo hacia la gloria—, miles de personas contuvieron la respiración previo al estruendoso despegue.

Desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy —la misma que vio partir a todas las misiones Apolo hacia la gloria—, miles de personas contuvieron la respiración previo al estruendoso despegue Foto: Captura de Pantalla NASA
En las gradas, familias enteras, niños con cascos improvisados, abuelos que recordaban el Apollo 11 y científicos con el corazón acelerado. El conteo regresivo se había detenido brevemente por una verificación técnica, pero cuando el reloj marcó T-0, el estruendo fue ensordecedor.
“¡Liftoff!”, gritó la voz en la transmisión, y con ella, el mundo entero pareció soltar un suspiro colectivo de alivio y emoción. El SLS no decepcionó. Sus cuatro motores RS-25 y los boosters laterales empujaron la nave a través de la atmósfera con una potencia que nadie había visto en una misión tripulada desde los tiempos de la Guerra Fría.

Los cuatro motores RS-25 del cohete SLS y los boosters laterales empujaron la nave a través de la atmósfera con una potencia que nadie había visto en una misión tripulada desde los tiempos de la Guerra Fría Foto: Captura de Pantalla NASA
Minutos después, la primera etapa se separó y Orion continuó sola hacia la órbita. En el control de misión, los ingenieros aplaudían con lágrimas. En las redes, millones de mensajes inundaban las pantallas: “¡Estamos de vuelta!”, “Esto es para mis hijos”, “La Luna ya no es solo un sueño”.
Artemis II no es el final de una historia, sino el comienzo de una nueva era. Es el ensayo general para Artemis III, la misión que, dentro de unos años, pondrá de nuevo botas humanas sobre el polvo lunar —esta vez con la primera mujer y la primera persona de color—. Es el puente hacia Marte y más allá.
Con Información de la NASA