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Bad Bunny terminó su show en el Super Bowl… y 761.000 se fueron al baño

Bad Bunny terminó su show en el Super Bowl… y 761.000 fueron al baño
Bad Bunny terminó su show en el Super Bowl… y 761.000 fueron al baño Foto: Instagram Linda Saenz

Durante la presentación de Bad Bunny en el Super Bowl Nueva York fue testigo de un fenómeno inesperado: el consumo de agua ligado a los inodoros cayó drásticamente mientras el artista estaba en el escenario y se disparó apenas terminó el show según reportó NYC Water.

En solo 15 minutos posteriores, de acuerdo con el organismo encargado de gestionar el consumo de agua en la ciudad, más de 761.000 descargas se registraron casi de manera simultánea, equivalente a toda la población combinada de Brooklyn y Queens.

El episodio pone en evidencia la magnitud de la atención que aún concentran los grandes eventos en vivo en la era de pantallas múltiples. Millones de personas pospusieron incluso necesidades básicas para no perderse ni un segundo del espectáculo.

Lo que podría parecer una anécdota se convierte en un experimento masivo de comportamiento colectivo con implicaciones tanto urbanas como económicas.

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NYC Water suele registrar patrones previsibles de consumo: picos matinales, descensos al mediodía y repuntes por la noche. Sin embargo, durante el show de Bad Bunny, la curva se deformó: el uso de inodoros cayó entre un 20% y 30% respecto a un domingo promedio a esa hora, para luego dispararse abruptamente.

Este tipo de microeventos permite a los ingenieros ajustar modelos de demanda, anticipar presiones en la red y planificar inversiones. El fenómeno revela también cómo la vida privada se sincroniza con el calendario mediático global.

Los descansos publicitarios no solo ordenan la programación y las tarifas, sino también cuándo millones de personas comen, beben, comentan y usan el baño.

La simultaneidad que logra un evento como el Super Bowl es cada vez más rara: en plataformas de streaming, los picos se distribuyen en horas o días, mientras que el espectáculo en directo concentra toda la atención en un solo momento.

Para la economía del entretenimiento y la publicidad, el mensaje es claro. La atención absoluta que genera un show cuidadosamente diseñado para el intermedio del partido más visto del año se traduce en audiencias masivas y en un valor medible, incluso en litros de agua.

La música, en este caso, se convierte en un vector de cohesión social: la actuación de Bad Bunny ofreció representación y orgullo para una generación de jóvenes latinos, que no dudaron en aplazar necesidades básicas para ser parte del ritual colectivo.

El dato de los 761.000 inodoros no solo refleja caudales y tuberías; evidencia rituales compartidos y la capacidad de ciertos espectáculos de sincronizar la vida de toda una ciudad.

Cada gran evento televisado deja una huella medible: consumo de agua, electricidad, transporte y tráfico de datos. Los planificadores urbanos utilizan estos patrones para recalibrar algoritmos, ajustar reservas y anticipar refuerzos en la infraestructura.

A nivel cultural, el “efecto Bad Bunny” ilustra cómo la economía de la atención funciona en su extremo máximo: pocos formatos logran paralizar una ciudad y concentrar la mirada de millones de personas de manera simultánea.

Desde el punto de vista urbano, estos episodios son pruebas de estrés inesperadas, que muestran que no todos los picos de consumo son iguales y que la infraestructura debe estar preparada para olas concentradas de demanda.

La interpretación es doble: por un lado, confirma que los grandes espectáculos en vivo siguen siendo el último bastión de atención masiva en un mundo saturado de contenidos; por otro, subraya cómo los datos de servicios básicos se están convirtiendo en un termómetro del comportamiento colectivo.

Para organizadores, marcas y ciudades, cada show es un laboratorio: permite medir, planificar y monetizar, al tiempo que garantiza que la infraestructura soporte tanto la emoción como el consumo.

En Nueva York, la lección quedó clara: durante el show, la ciudad contuvo el flujo; al terminar, descargó en bloque. La actuación concluyó en el estadio, pero su eco continuó corriendo, literalmente, por las tuberías, reflejando la conexión entre cultura, atención y dinámica urbana.

Con Información de NYC Water

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