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México

Sala en el Senado llevará el nombre de Heberto Castillo

Sala en el Senado llevará el nombre de Heberto Castillo
Sala en el Senado llevará el nombre de Heberto Castillo

Con la “brújula inseparable en el quehacer científico y político” como él mismo lo definió, Heberto Castillo Martínez es una de las figuras trascendentes en la historia reciente del país, por su lucha en favor de la justicia social, la soberanía y la transformación democrática.

A lo largo de sus 69 años de vida apoyó los movimientos de estudiantes, obreros y campesinos, fundó el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) que derivó después, junto con otras fuerzas progresistas en el Partido Mexicano Socialista (PMS).

Fue candidato a la Presidencia de la República en 1988, pero declinó en favor de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y protestó junto con miles de mexicanos por el fraude electoral que impidió al michoacano llegar a Palacio Nacional.

Tenaz en el intento de aglutinar a la izquierda, como lo recuerda su hija Laura Itzel Castillo, poco después de graduarse comenzó a dar clases en la Facultad de Ingeniería de la UNAM y a desarrollar una novedosa estructura para la edificación de obras, pero la política era su otra pasión y pronto incursionó en ella.

Lo hizo a comienzos de la década de los 60, al lado del ex presidente Lázaro Cárdenas del Río, con quien colaboró en la conformación del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) en todo el territorio, cuyo objetivo fue pugnar por la paz en el continente y contra el imperialismo, lo que no gustó al poder.

El propio general Cárdenas en 1969 le advirtió: “si te agarran, te matan” en referencia a la ruda persecución emprendida en su contra por Gustavo Díaz Ordaz, debido a su apoyo al movimiento estudiantil y sus críticas severas a la masacre de Tlatelolco y en general al gobierno autoritario del priísta.

La frase sirvió de título a un libro en el que Heberto Castillo relató parte de esa represión: golpizas inclementes a manos de los cuerpos policiacos, antes de los hechos del 2 de octubre, que lo llevaron a refugiarse en Ciudad Universitaria, de donde huyó cuando el Ejército ocupó la máxima casa de estudios.

Pasó tres meses “a salto de mata”, herido, hambriento al principio, hasta que logró llegar a la casa de amigos solidarios y vivir en la clandestinidad. Fue detenido “con lujo de fuerza” y confinado en la siniestra prisión de Lecumberri.

Los días en Lecumberri

De 1969 a 1971 permaneció encarcelado, en la Crujía M, pero no perdió el ánimo y ese tiempo, que compartía con Eli de Gortari y José Revueltas, también presos políticos, lo dedicó a pintar y dar clases. Preparó al estudiante Salvador Pineda Villegas para que terminara sus estudios de ingeniería, evoca Laura Itzel Castillo, presidenta del Senado.

Recuerda que esos días en prisión los dedicó también a escribir y compartir experiencias con trabajadores ferrocarrileros que llevaban en esa prisión más de 10 años, luego del movimiento rielero a fines de los 50, con campesinos y con un muchacho que tuvo la mala suerte de ir a vender churros a la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre y se lo llevaron también detenido junto con los demás estudiantes.

El Churrero, como le llamaban en el penal, aparece en un cuadro que Heberto Castillo pintó de su celda, con todos sus compañeros, al que tituló La Universidad de Lecumberri y forma parte en la actualidad del Museo de Tlatelolco.

PMT, oposición real

Apenas salió de prisión, sin embargo, se dio a una nueva tarea, que planeó desde siempre: organizar “un partido de masas y de oposición real” al régimen, el PMT, intento en el que casi pierde la vida al estrellarse el vochito en el que viajaba junto con otros dos activistas comenta el senador Higinio Martínez, que se integró a ese organismo un año después de su creación y “nunca olvidará” al incansable ingeniero Castillo, que mientras seguía alguna discusión, al mismo tiempo dibujaba o hacia planos.

No puede dejar de sonreír Laura Itzel Castillo cuando platica que su papá combinaba sus diversas responsabilidades y podía, por ejemplo, presidir una asamblea del PMT y, al mismo tiempo, calcular las estructuras de un puente –con su invento llamado tribilosa, que revolucionó la construcción– o dibujar caricaturas y ser, al mismo tiempo, un ser amoroso y divertido con su familia, con su esposa Teresa Juárez y sus hijos, que padecieron con él la época del clandestinaje, porque también debieron ocultarse, y con sus nietos.

Su mayor satisfacción, escribió Castillo en 1983, fue “entregar al máximo mi capacidad mis recursos y mi tiempo” a la lucha. “Eso explica, que no recibo salario alguno por trabajar políticamente y que, por el contrario, entrego al PMT lo más que puedo de mis ingresos como ingeniero, escritor y periodista”.

En la última etapa de su vida, ya como senador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), fue integrante de la Comisión de Concordia y Pacificación de Chiapas (Cocopa), donde peleó por una salida justa que incluyera mejorar las condiciones paupérrimas de los indígenas que los llevaron a rebelarse contra el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Su opción no fue nunca la lucha armada, aunque respetó a quienes se enfrentaron al viejo poder político por esa vía.

 

El homenaje

A 29 años de su fallecimiento, el Senado de la República le hará un homenaje mañana, al nombrar la sala de la Comisión Permanente como Ingeniero Heberto Castillo y reintegrar una escultura con su efigie, en ese recinto.

El senador de Morena, Manuel Huerta Ladrón de Guevara, impulsor del reconocimiento, expresó su satisfacción por el hecho de que en menos de tres horas logró la firma de 125 de los 128 senadores de todas las fuerzas políticas para reconocer a quien “fue ejemplo de que la política puede ser ética, honesta, solidaria y profundamente patriótica”.

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