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Radar Peninsular

Cambio climático, alarmante realidad

Por Francisco Verdayes Ortiz
Radar Peninsular

Granizadas, frentes fríos en plena primavera y un adelantado inicio de la temporada de huracanes en el Océano Atlántico, forman parte del tan alertado cambio climático en Cancún.

El pasado viernes 25 de mayo, justo una semana antes del inicio oficial de la temporada de huracanes en el Océano Atlántico, el Centro Nacional de Huracanes de Miami comenzó a emitir avisos sobre una tormenta subtropical que se acababa de formar en el noroeste del Mar Caribe.

“Alberto”, con vientos máximos sostenidos de 64 kilómetros por hora, se consideró subtropical, ya que era un híbrido entre un sistema tropical puro y un área normal de baja presión. Lo raro fue que se formara a tan temprana época del año, tomando en cuenta que si bien la temporada de huracanes en esta zona inicia oficialmente el 1 de junio, en realidad las lluvias más fuertes ocurren entre septiembre y octubre.

Pero un mes antes, ocurrió otro hecho singular: la tarde del jueves 26 de abril, la ciudad de Cancún fue sorprendida por un fuerte aguacero, que no hubiera pasado a más de no ser porque a esa hora, 16:30 horas, la lluvia vino acompañada de granizo… ¿granizo?, sí, de granizo.

Para la inmensa mayoría de los cancunenses se trató de un hecho inédito, histórico, lo que nunca antes se había vivido, pero lo cierto es que para el registro histórico local esta es la tercera vez (documentada) que ocurre en Cancún.

La primera vez que los cancunenses fueron sorprendidos por el granizo sucedió el 20 de abril de 1991, justo a las 14:45 horas. El fenómeno inició con fuertes aguaceros y minutos después cayeron trozos de hielo de alrededor de 100 gramos de peso, provocando daños a techos de láminas de cartón en las regiones más populares.

Siete años después, el 3 de febrero de 1998, por segunda vez granizó en la ciudad durante ocho minutos ante el asombro de residentes y turistas a los que siempre les dijeron que aquí solo había sol y playa.

LA RESPUESTA
La explicación a lo anterior tiene que ver con el cambio climático. En 1970 los informes del Banco de México decían que en verano la temperatura máxima alcanzaba los 33 grados centígrados y en invierno la más baja era de 22. Cuarenta años después, en 2010, la temperatura se elevó a 36 grados y la más baja llegó a estar en 9.

Los investigadores están de acuerdo en que gran parte de la responsabilidad de este cambio climático se debe al propio hombre, y no solo al impacto de las pruebas nucleares, sino en sí a la actitud de cambiar el entorno físico.

En Cancún, por ejemplo, el hombre construyó hoteles sobre las dunas costeras, alterando con ello al proceso natural, y fue el propio pionero fundador de este polo turístico quien abrió el Canal Sigfrido para refrescar la laguna Nichupté. Fue la misma mano que ensanchó el entorno de la isla para comercializar los espacios de la hoy llamada Zona Hotelera, y al mismo tiempo construir un campo de golf. Estamos viviendo –dicen– los tiempos del Antropoceno en la que el hombre está marcando la silueta de la Tierra.

Entre noviembre de 1971 y febrero de 1972, investigadores de la Universidad Autónoma de México (UNAM) realizaron un estudio a fin de monitorear el impacto humano sobre esta zona; fue la primera investigación mexicana sobre la laguna Nichupté, tomando como base un desarrollo turístico.

CANCÚN, con reflectores internacionales
Cancún se ha convertido en una lucha de desarrollo económico contra conservación del entorno; una lucha entre el respeto por lo local y la belleza de lo foráneo. Así, el 3 de junio de 1981, se reportaba pérdidas completas (70 por ciento del total) en las palmeras de coco, gracias al “mayate prieto”, una enfermedad que vino de Estados Unidos a través del césped y de plantas de ornato que se trajeron de la Florida.

Bueno, parece que la solución se llama Desarrollo Sustentable. El 17 de enero de 1985, se publicó el Plan Rector de Desarrollo Urbano de la Ciudad de Cancún con resultados pobres, gracias a la corrupción galopante de las administraciones públicas.

Paradójicamente, Cancún se ha lucido en el ámbito internacional, pues ha sido sede de los más grandes eventos en materia de protección ecológica. Para no ir muy lejos, el 18 de abril de ese mismo año (1985), se realiza aquí la Cuarta Reunión Regional Intergubernamental sobre el Medio Ambiente en Latinoamérica y el Caribe, organizada por la ONU, en la cual se reúnen 35 países.

En 2002, aquí se reunió el grupo de los “Doce países mega diversos”, cumbre que concluyó con la firma de la Declaración de Cancún, en la que los ministros de esas naciones se comprometieron a conservar la biodiversidad biológica a través de políticas sustentables. Además, del 29 de noviembre al 10 de diciembre de 2010 se llevó a cabo en esta ciudad la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, conocida como COP-16. Es decir, que reflectores hemos tenido.

EL PROBLEMA REAL
En la teoría, en el papel todo suena muy bien. Mire usted, en 1993 se creó en sesión de Cabildo el Comité de Protección Ambiental, sin embargo en la práctica muchos permisos se siguen dando a nivel federal como ocurrió el 23 de febrero de 2004, cuando la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) autorizó la tercera etapa del proyecto Costa Cancún, misma que se consideró ilegal por ignorar la Norma Oficial Mexicana 022 relativa a la protección de humedales costeros en zonas de manglar.

Solo para el dato le diré que en 2005, se publica la modificación al Plan Director de Desarrollo Urbano del centro de población de Cancún. En ese mismo año, se inicia la construcción del proyecto Puerto Cancún, que finalmente enfrentará un mar de obstáculos. En ese mismo 2005, se emite el Plan de Ordenamiento Ecológico Local.

Publicado por

Editorial web con experiencia en medios impresos y digitales. Colaborador de Grupo Turquesa.

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