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Radar Peninsular

Los padres… ¿incluyentes?

Hace algunos años, en el salón de clases de mi pequeña había un niño que prefería jugar con las niñas. Varias mamás hacían la observación cuando a sus hijos les preguntaban con quién habían jugado en el recreo y varias de ellas respondían que con un niño. Que les encantaba jugar con los unicornios y cuando les tocaba llevar su juguete, él no llevaba, al parecer porque no le gustaban los que tenía.

Tal vez él no tenía opción de elegir sus juguetes… o a lo mejor sí, pero quizá sus padres preferían comprarle juguetes “de niño”.

Aunque a las niñas no les parecía raro, una de ellas le preguntó a su mamá por qué él no jugaba con niños. Atinadamente, ella le dijo que simplemente él se sentía mejor jugando con las niñas y eso no tenía nada de malo.

Sin embargo, algunas otras mamás hacían uno que otro comentario perspicaz con tintes un poco menos empáticos, que no vale la pena repetir en estas líneas.

Si bien es una generalidad que los niños jueguen con los niños y las niñas con las niñas, no es una regla o una norma, ¿o sí? Los niños no ven si es una niña o niño con quien juega, sino más bien quién es más a fin a ellos.

¿Están preparados nuestros hijos para aceptar las preferencias de los demás?

Aquí entre nos y en mi muy particular punto de vista, a los niños es lo que menos les interesa, pero parece que a los papás sí les importa y en algunos casos empezamos a meterles ideas a los pequeños, incluso antes de que ellos tengan conciencia de ello.

“Mejor no juegues con ese niño”, “No tengo nada en contra de ellos, pero no quisiera que mi hijo fuera así…”.

Cuando esperaba a mi hija, mis amistades me decían: “Ya sabes si es niña o niño?, para saber de qué color le regalo su ropita”. ¿En qué momento se volvió una obligación vestir a las niñas de rosa y a los niños de azul? ¿Desde cuándo los niños no pueden jugar a las muñecas?

Un estudio realizado con un grupo de niños que jugaban con muñecas, dio como resultado que, a la larga, ellos serían mejores padres, esposos e hijos que los que jugaban con “juguetes de niños”. Entonces, ¿cuál es el miedo de que un niño juegue con muñecas?

No sé en qué momento perdimos la libertad de elegir el color para vestirnos, con quién jugar de niños o relacionarnos de adultos.

Siempre he creído que los valores que nos siembran en nuestra infancia, repercutirá para siempre en la personalidad que tendremos de adultos.

Los niños son como esponjas y en nosotros está la información y valores que queramos que reciban. Es muy delicado e importante lo anterior, a los niños no se les olvida nada y todo lo que les digamos, ellos lo tomarán como la más absoluta verdad.

Un niño tendrá los prejuicios que sus padres les implanten en sus mentes y corazones, o bien, tendrá la empatía de aceptar y convivir con los demás con la más absoluta naturalidad. Creo que el problema de aceptación de preferencias –y estoy hablando de cualquier tipo- no tiene raíz en las instituciones, sino en las personas que han heredado prejuicios de varias generaciones atrás.

Escrito por

Editorial web con experiencia en medios impresos y digitales. Colaborador de Grupo Turquesa.

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