Un grupo de espeleobuzos expertos hizo el descubrimiento de restos fósiles de un perezoso gigante y varios caballos prehistóricos durante una expedición subacuática en el cenote Dzombakal ubicado en Yucatán.
Este cuerpo de agua tiene un diámetro de 25 metros y puede llegar a una profundidad de hasta 30 metros, lo que lo convierte en un lugar enigmático, perfecto para investigaciones como la realizada en 2023 por los expertos Arnaldo Marucco y Cristian Selun.
El cenote, que se encuentra a unos 49 kilómetros al sur de Mérida, en la comisaría de San Antonio Mulix, municipio de Umán, ha sido testigo de una serie de eventos significativos, entre ellos la desaparición y posterior hallazgo de un buzo argentino en octubre de 2024.
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El hallazgo arqueológico realizado por Marucco y Selun es de gran relevancia, ya que constituye la primera evidencia de la familia Nothrotheriidae en Yucatán, aportando nuevos datos sobre la megafauna que habitó la región en tiempos prehistóricos.
Los restos fueron encontrados a una profundidad de entre 17 y 20 metros bajo el agua, a unos 30 metros de la entrada al cenote, y fueron estudiados por el paleontólogo Jerónimo Avilés Olguín Segovia, quien confirmó que pertenecen al género Nothrotheriops, específicamente a una especie probablemente relacionada con Nothrotheriops shastensis, un perezoso terrestre del Pleistoceno tardío.
El conjunto de fósiles hallados incluye una serie de ocho huesos del perezoso gigante, destacando un húmero proximal, vértebras, fémur y radio, además de catorce elementos óseos de caballos prehistóricos de la especie Equus conversidens, comúnmente conocido como el caballo mexicano de tamaño mediano. Estos restos incluyen huesos como metapodiales y fémur, así como el axis, que son claves para entender la fauna de esa época.
Lo que hace aún más relevante el hallazgo es que nunca antes se había registrado la presencia de Nothrotheriidae en Yucatán, aunque se han encontrado restos de especies similares en otras partes de la península, como en Quintana Roo y Belice.
Los expertos investigadores dataron los fósiles en un rango de entre 7,000 y 10,000 años, durante el final de la última glaciación, un periodo crucial en la evolución de la megafauna.
El análisis de los fósiles muestra signos de costras calcáreas y sugiere que los restos fueron depositados en un momento cuando el nivel del mar era mucho más bajo que el actual, unos 100 metros por debajo.
Además, los fósiles estaban dispersos en una zona de aproximadamente 4 metros cuadrados, sin presentar conexiones anatómicas completas, lo que apunta a un proceso de deposición complicado, probablemente influenciado por la actividad de depredadores o por caídas accidentales al cenote.
El Nothrotheriops fue una especie que se extendió desde el Gelasiano, hace más de 1.8 millones de años, hasta el final del Pleistoceno. Parte de la megafauna que habitó América, se extinguió hacia el final de la última glaciación, y aunque se especula sobre el impacto del cambio climático y la dieta en su desaparición, la caza humana sigue siendo la teoría más aceptada.
Por otro lado, los restos del caballo mexicano, identificados como pertenecientes a la especie Equus conversidens, también hacen parte del legado prehistórico de la región.
Este caballo, descrito inicialmente en el Valle de México, ya había sido documentado en otros sitios de Yucatán, como en la famosa cueva de Loltún. La amplia distribución de esta especie a lo largo de todo el territorio nacional durante el Pleistoceno es un testimonio de la diversidad de la fauna que habitó estas tierras.
Este descubrimiento no solo enriquece el conocimiento sobre los animales que habitaron Yucatán durante la prehistoria, sino que abre nuevas posibilidades para investigar la relación de estos restos con el entorno y los seres humanos de la época.
Con Información de Agencias